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¿Cómo se manifiesta la práctica deportiva en el corazón?

Marta Álvarez Cacho

Actualmente, una de las principales preocupaciones de la población es la de estar en forma. Cada vez somos más los que practicamos con frecuencia alguna modalidad de deporte, pero esto nos plantea varios interrogantes sobre la forma de practicarlo y las consecuencias que tiene en nuestro organismo.

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La actividad física conlleva una serie de necesidades y respuestas por parte de nuestro organismo. Si el ejercicio sólo se realiza en un determinado momento, de manera aislada, y no se repite en un tiempo (semanas), nuestro organismo tendrá que afrontar esta demanda ocasional e intentará suplir las necesidades de este esfuerzo sin que se produzca ninguna adaptación a largo plazo de nuestro organismo. En cambio, cuando realizamos un ejercicio físico de forma continuada y con mayor duración e intensidad, lo llamaremos entrenamiento. Nuestro organismo irá adaptándose progresivamente a las necesidades que le supone el ejercicio físico, y apreciaremos la repercusión del entrenamiento en el corazón de la siguiente manera:

 

  • Aumento del volumen de las cavidades cardiacas y del grosor muscular del ventrículo izquierdo.

¿Por qué se produce? Al realizar ejercicios aeróbicos de forma regular y con cierta intensidad, se produce un alargamiento de la fibra muscular cardiaca, y por ello, el aumento del tamaño del corazón, y el grosor de sus paredes. Como resultado de este aumento, con cada latido se bombea mayor volumen de sangre y la cantidad de oxígeno que se bombea en cada latido también es mayor.

Durante el ejercicio nuestro organismo necesita un aporte mayor de oxígeno, los vasos sanguíneos sufrirán un “aumento” de su calibre, bien temporalmente durante el ejercicio (vasodilatación), o bien aumentando el diámetro de los vasos de manera constante. Los deportistas de alto nivel, en ejercicios de intensidad, pueden llegar a doblar los valores de gasto cardiaco de los sujetos sedentarios.

La extracción de oxígeno de la sangre por parte del corazón, se realiza al “máximo” incluso estando en reposo. Son las modalidades de ciclismo, carrera de larga distancia, triatlón, remo y boxeo las que provocan un mayor aumento de las cavidades y grosor del músculo cardiaco.

 

  • Disminución de la frecuencia cardiaca.

La bradicardia sinusal (<60 lpm) es una adaptación frecuente en deportes de resistencia. Nos encontraremos ritmos de 45 lpm a 50 lpm en reposo, e incluso en algunos casos menos frecuentes, de menos de 40 lpm. También durante el ejercicio a intensidades submáximas, la frecuencia cardiaca de un atleta entrenando será menor que la de una persona sedentaria, permitiendo mayor tiempo de llenado (diástole) y mejorando por tanto el volumen sistólico.

 

  • Alteraciones en el electrocardiograma basal, consistentes en alteraciones de la repolarización, trastornos de la conducción y algún tipo de arritmia, secundarias a la hipertonía vagal.

 

La manifestación de todos estos cambios se conoce como síndrome del corazón de atleta.

¿Qué es? Una adaptación progresiva del corazón ante la demanda de un ejercicio físico intenso y prolongado en el tiempo.

Los atletas constituyen un grupo de individuos sometidos a un intenso ejercicio físico, en los que su cuerpo responde con importantes adaptaciones morfológicas y funcionales. Es probable que tanto el tamaño del corazón como su capacidad de hipertrofiarse sean producto de una combinación de diversos factores, pero quizás el más importante sea la influencia de los factores hereditarios.

El aumento de la masa muscular del corazón como adaptación al ejercicio físico no es peligroso, este tipo de adaptaciones permitirán al atleta lograr un mayor rendimiento físico.

La cardiomiopatía hipertrófica, es una enfermedad genética que se caracteriza, entre otras cosas, por el aumento del grosor de las paredes del músculo cardiaco, puede presentar síntomas tales como fatiga, dolor torácico, pérdida de conocimiento, o muerte súbita, y su diagnóstico puede verse enmascarado con el síndrome anteriormente descrito.

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El diagnóstico diferencial es muy importante, porque probablemente sea una de las causas más frecuentes de muerte súbita en atletas menores de 35 años.

Es aconsejable interrumpir la práctica de deportes durante un periodo de 3 meses (1) y observar mediante ecocardiografía si la situación se normaliza.

 

“ESCUCHA SIEMPRE A TU CORAZÓN” – Confucio –

 

Referencias:

Perry M. Elliott, Aris Anastasakis, Michael A. Borger, et al. Guía práctica de la ESC 2014 sobre el diagnóstico y manejo de la miocardiopatía hipertrófica. Revista Española de Cardiología. Rev Esp Cardiol. 2015; 68(1):63.e1-e52

http://www.revespcardiol.org/es/guia-practica-clinica-esc-2014/articulo/90372041/