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Ecocardiografía: de los orígenes a la actualidad

Teresa Bertomeu Padín

Sabemos que hoy en día las tecnologías van en aumento debido a los avances en la ciencia, sin embargo; poco nos preguntamos sobre ese “cómo se le ocurriría a alguien” en las cosas que tenemos y utilizamos cada día. Hoy dedicamos nuestra atención al origen y evolución de nuestro equipo de trabajo.

La ecocardiografía se basa en el uso de ultrasonidos para estudiar la estructura y función del corazón y los grandes vasos, todo ello posible gracias a unos cristales piezoeléctricos alojados en una sonda o transductor.

La propiedad de la piezoelectricidad fue observada por primera vez por los hermanos Pierre Curie y Jacques Curie en 1880 estudiando la compresión del cuarzo.

La primera aplicación práctica de la piezoelectricidad surge al final de la Primera Guerra Mundial cuando un físico francés, Paul Langevin, desarrolla el SONAR (SOund NAvigation and Ranging). El SONAR consistía básicamente en un transductor que producía un sonido muy agudo. Este sonido, después de chocar con los cuerpos sumergidos, ya fueran barcos hundidos, peces, ballenas o submarinos eran recogidos nuevamente por el transductor y convertidos en impulsos eléctricos. Cuanto más sólido era el objeto encontrado más fuerte era el eco recibido, y cuanto más tiempo tardaba la señal en regresar, más lejos se encontraba el objeto del transductor. De esta manera, podían detectar los barcos alemanes que con frecuencia se introducían por el canal.

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Quién podría imaginar en esta época que este método de “visión” iba a servir para la curación de vidas humanas y no para su destrucción.

A partir de ahí la técnica cayó en desuso, hasta que, de nuevo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, se retomó la investigación sobre los ultrasonidos y fueron utilizados para detectar las grietas que pudieran tener los barcos después del combate.

La aplicación de los ultrasonidos en el diagnóstico médico se desarrolló sobre la base de las investigaciones militares que llevaron al nacimiento del SONAR. La literatura atribuye a el Dr. John J. Wild, un cirujano de Minnesota, como el primer científico en aplicarlos. Wild estudiaba la extensión y gravedad de los daños intestinales que mostraban los pacientes alcanzados por las bombas de los alemanes. Poco más tarde empezaron en Europa estudios aplicados sobre el cerebro (ecoencefalograma), y al mismo tiempo los cardiólogos empezaban a usar los ultrasonidos para estudiar oscilaciones de la válvula mitral.

Los pioneros de la ecocardiografía fueron el físico Helmuth Hertz y el cardiólogo Inge Edler de la Universidad de Lund, Suecia, quienes en 1953 utilizaron la ecografía para el estudio de una estenosis mitral. A pesar de la precariedad instrumental se continuaron logrando registros muy interesantes en modo M que fueron aplicados a otras patologías y presentados en numerosas reuniones científicas.

Gradualmente fue desarrollándose la técnica y fue Harvey Feigenbaum de Indiana, quien ayudó a mejorar las técnicas de registro y almacenamiento de ecocardiogramas e inició la colaboración de ecografistas técnicos con formación específica para llevar a cabo estas pruebas.

En la década de los 50, comienza a utilizarse la emisión de continua de ondas de ultrasonido para medir el flujo de los vasos, basándose en los trabajos descritos por un físico austriaco, Christian Doppler, en 1842. En 1956 S. Satumora, Yoshida y Nimura en Japón fueron los primeros en utilizar el principio de Doppler para detectar el movimiento cardiaco.

En la década siguiente surge el Doppler pulsado, que permite la cuantificación de gradientes valvulares y es incluido en los nuevos equipos junto con la ecocardiografía bidimensional.

Los continuos avances en la digitalización de las imágenes y la creatividad e imaginación de los investigadores han favorecido el progreso en las diferentes modalidades de imagen cardíaca: tomografía computarizada (TC) multicorte, cardiorresonancia magnética (RM), tomografía por emisión de positrones (PET) y ecocardiografía (Eco). En el campo de los ultrasonidos, su alta disponibilidad, su bajo coste y las importantes innovaciones de los últimos años han hecho que en la actualidad más del 25% de los estudios de imagen cardiaca se obtengan mediante la ecografía, y en la práctica diaria es el primer estudio solicitado si hay una sospecha de enfermedad cardiológica.

Siempre es bueno ir por delante de lo que ya tenemos, conocer y probar las últimas novedades en tecnología, y también conocer esos datos antiguos tan curiosos que nos llevan a aprender un poco más acerca de nuestros equipos