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CLÁSICOS IMPRESCINDIBLES

Laura Fernández Fernández

A pesar del continuo y significativo avance de las técnicas de diagnóstico en medicina, algunas de las pruebas más utilizadas, que pueden considerarse como clásicas, continúan manteniéndose en la actualidad.

El electrocardiograma (ECG) puede considerarse un ejemplo muy notorio de estas pruebas, pues mediante una exploración sencilla, rápida, no dolorosa y relativamente económica, continúa proporcionando una información básica y fundamental que no es posible obtener a través de otra exploración, y su utilización va más allá del propio ámbito del estudio del cardiópata.

En imagen, el modo M fue una de las primeras modalidades de ecocardiografía, anterior a la imagen bidimensional. Es una técnica monodimensional en la que se detectan los movimientos de una estrecha porción del corazón, y donde las mejores imágenes se consiguen cuando el haz de ultrasonidos incide perpendicularmente con las estructuras cardíacas.

El modo M tiene la ventaja de que posee una alta resolución temporal, y hoy día se utiliza para estudiar estructuras que se mueven con rapidez, por ejemplo las válvulas cardíacas, ya que con esta modalidad se pueden obtener hasta 1000 imágenes/s.

Los registros en modo M siempre están guiados por ecografía bidimensional, con el fin de obtener una buena alineación del cursor en los distintos planos.

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Registro en modo M a través de la válvula mitral

La gravedad de la estenosis aórtica se evalúa mediante ecografía Doppler transtorácica. Es la técnica de elección para la estimación de la gravedad de la enfermedad mediante la medida de la velocidad máxima del flujo aórtico. Asimismo, la técnica permite el cálculo del gradiente transvalvular sistólico máximo y medio y el cálculo del área valvular mediante la ecuación de continuidad. Y para este artículo, es otra prueba notoria de la perdurabilidad de técnicas o sistemas más antiguos.

El error más frecuente en la evaluación ecocardiográfica de la estenosis aórtica es la infraestimación de la gravedad debido a la interrogación no totalmente coaxial del chorro aórtico con el haz de ultrasonidos Doppler y, para solventar estas limitaciones, hay sondas especialmente diseñadas, como el transductor Pedoff o lápiz ciego, para realizar determinaciones espectrales con Doppler continuo sin imagen bidimensional.

Transductor Pedoff

Transductor Pedoff

 

Un operador entrenado puede crear una ventana destinada a evaluar la estructura de su interés cuando desea examinar a un paciente con hallazgos no convencionales. Aunque la tecnología actual permite una buena alineación del Doppler continuo guiado por la imagen bidimensional, la evaluación con una sonda de Doppler «ciego» en distintas ventanas ultrasónicas consigue gradientes transvalvulares mayores, sobre todo en el plano paraesternal derecho.

Más de 35 años después, el mantenimiento de los clásicos que han ayudado a varias generaciones de operadores sigue siendo imprescindible, y por más que avance la tecnología, no tienen competencia.

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Ecocardiografía: de los orígenes a la actualidad

Teresa Bertomeu Padín

Sabemos que hoy en día las tecnologías van en aumento debido a los avances en la ciencia, sin embargo; poco nos preguntamos sobre ese “cómo se le ocurriría a alguien” en las cosas que tenemos y utilizamos cada día. Hoy dedicamos nuestra atención al origen y evolución de nuestro equipo de trabajo.

La ecocardiografía se basa en el uso de ultrasonidos para estudiar la estructura y función del corazón y los grandes vasos, todo ello posible gracias a unos cristales piezoeléctricos alojados en una sonda o transductor.

La propiedad de la piezoelectricidad fue observada por primera vez por los hermanos Pierre Curie y Jacques Curie en 1880 estudiando la compresión del cuarzo.

La primera aplicación práctica de la piezoelectricidad surge al final de la Primera Guerra Mundial cuando un físico francés, Paul Langevin, desarrolla el SONAR (SOund NAvigation and Ranging). El SONAR consistía básicamente en un transductor que producía un sonido muy agudo. Este sonido, después de chocar con los cuerpos sumergidos, ya fueran barcos hundidos, peces, ballenas o submarinos eran recogidos nuevamente por el transductor y convertidos en impulsos eléctricos. Cuanto más sólido era el objeto encontrado más fuerte era el eco recibido, y cuanto más tiempo tardaba la señal en regresar, más lejos se encontraba el objeto del transductor. De esta manera, podían detectar los barcos alemanes que con frecuencia se introducían por el canal.

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Quién podría imaginar en esta época que este método de “visión” iba a servir para la curación de vidas humanas y no para su destrucción.

A partir de ahí la técnica cayó en desuso, hasta que, de nuevo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, se retomó la investigación sobre los ultrasonidos y fueron utilizados para detectar las grietas que pudieran tener los barcos después del combate.

La aplicación de los ultrasonidos en el diagnóstico médico se desarrolló sobre la base de las investigaciones militares que llevaron al nacimiento del SONAR. La literatura atribuye a el Dr. John J. Wild, un cirujano de Minnesota, como el primer científico en aplicarlos. Wild estudiaba la extensión y gravedad de los daños intestinales que mostraban los pacientes alcanzados por las bombas de los alemanes. Poco más tarde empezaron en Europa estudios aplicados sobre el cerebro (ecoencefalograma), y al mismo tiempo los cardiólogos empezaban a usar los ultrasonidos para estudiar oscilaciones de la válvula mitral.

Los pioneros de la ecocardiografía fueron el físico Helmuth Hertz y el cardiólogo Inge Edler de la Universidad de Lund, Suecia, quienes en 1953 utilizaron la ecografía para el estudio de una estenosis mitral. A pesar de la precariedad instrumental se continuaron logrando registros muy interesantes en modo M que fueron aplicados a otras patologías y presentados en numerosas reuniones científicas.

Gradualmente fue desarrollándose la técnica y fue Harvey Feigenbaum de Indiana, quien ayudó a mejorar las técnicas de registro y almacenamiento de ecocardiogramas e inició la colaboración de ecografistas técnicos con formación específica para llevar a cabo estas pruebas.

En la década de los 50, comienza a utilizarse la emisión de continua de ondas de ultrasonido para medir el flujo de los vasos, basándose en los trabajos descritos por un físico austriaco, Christian Doppler, en 1842. En 1956 S. Satumora, Yoshida y Nimura en Japón fueron los primeros en utilizar el principio de Doppler para detectar el movimiento cardiaco.

En la década siguiente surge el Doppler pulsado, que permite la cuantificación de gradientes valvulares y es incluido en los nuevos equipos junto con la ecocardiografía bidimensional.

Los continuos avances en la digitalización de las imágenes y la creatividad e imaginación de los investigadores han favorecido el progreso en las diferentes modalidades de imagen cardíaca: tomografía computarizada (TC) multicorte, cardiorresonancia magnética (RM), tomografía por emisión de positrones (PET) y ecocardiografía (Eco). En el campo de los ultrasonidos, su alta disponibilidad, su bajo coste y las importantes innovaciones de los últimos años han hecho que en la actualidad más del 25% de los estudios de imagen cardiaca se obtengan mediante la ecografía, y en la práctica diaria es el primer estudio solicitado si hay una sospecha de enfermedad cardiológica.

Siempre es bueno ir por delante de lo que ya tenemos, conocer y probar las últimas novedades en tecnología, y también conocer esos datos antiguos tan curiosos que nos llevan a aprender un poco más acerca de nuestros equipos

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¿Es realmente la ecografía una prueba médica inocua? Efectos biológicos y recomendaciones de seguridad

 Laura Fernández Fernández

La ecografía es una técnica de imagen que permite visualizar órganos y tejidos blandos del cuerpo mediante la emisión y recepción de ondas de ultrasonido. Estas ondas permiten diferenciar claramente la forma y tamaño de cada estructura, así como su contenido, que puede ser sólido, líquido, gaseoso o mixto.

Gracias a su naturaleza no invasiva, los equipos médicos basados en ultrasonido tienen muy buena acogida en diferentes aplicaciones médicas, haciéndose imprescindible en Obstetricia y Ginecología, Digestivo, Cardiología, Urología, Cirugía vascular etc…

A diferencia de los rayos X, el uso de los ultrasonidos no implica exposición a radiación ionizante, y puede decirse entonces que no representan riesgo para la salud, sin embargo, existen efectos biológicos derivados de su actividad que debemos conocer.

precaucion-ultrasonidos

 

El mecanismo de acción de la radiación ionizante es la ionización y la excitación, y en el caso de los ultrasonidos, es la elevación de la temperatura, la cavitación y diversas formas de estrés relacionadas con la viscosidad.

  • Efectos térmicos: La irradiación ultrasónica puede elevar la temperatura del tejido. Se precisan niveles de intensidad muy elevados para producir una elevación mensurable de la temperatura en el tejido.
  • Cavitación: La irradiación ultrasónica puede provocar la formación de diminutas burbujas de gas o cavidades, que puede producirse por la rotura de enlaces moleculares y la producción de radicales libres, generalmente por disociación del agua.
  • Estrés de viscosidad: Pueden alterar las membranas celulares y las células en interfase.

Un campo acústico suficientemente intenso y prolongado es capaz de producir efectos cuantificables en el tejido. Entonces, es importante considerar todos los parámetros involucrados en la medida de la salida acústica de los equipos de diagnóstico médico por ultrasonido tales como la precisión de la señal medida, la alineación del transductor-sensor, y el cálculo del haz del campo acústico tanto axial como transversal.

En principio, no existe una clara reglamentación para garantizar la adecuada operación de los equipos de diagnóstico médico por ultrasonido.

Para que un fabricante de equipos de diagnóstico médico por ultrasonidos pueda obtener la certificación por parte de la “Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos” (FDA), debe presentar un informe sobre los niveles de la salida acústica de los mismos, y la metodología usada para medir la onda de presión, reconstruir el campo acústico, y calcular los parámetros del campo acústico. En este caso, las intensidades acústicas son comparadas con las intensidades admisibles por las normas.

En el caso de los usuarios finales, es decir, los hospitales y centros de salud, lo ideal sería disponer de un sistema de medida con el fin de realizar pruebas periódicas que verifiquen si sus equipos están operando dentro de los márgenes admisibles, y así garantizar las condiciones de seguridad para empleados y pacientes expuestos a la intensidad acústica.